Dicen que una buena critica debería empezar por los aspectos positivos de lo analizado para luego, después de haber tranquilizado al personal y mostrarle nuestro interés y admiración por las cosas bien hechas, pasar a los negativos, al “no me gusta”, al “se podría mejorar”, al “yo lo haría”… Pero no lo voy a hacer. No voy a ser Schopenhauer y realizar una critica destructiva de su labor docente, la cual es motivo de mi admiración y, por tanto, de este artículo, pero es que no me cae bien. Simplemente.
Esta profesora no me gusta, espero no encontrármela en el autobús o por la calle, sería muy violento vernos forzados a una conversación que, me da a mí la sensación, ninguno de los dos queremos tener. No es que hayamos tenido ningún roce ni creo que lo tengamos, pero, sinceramente, no me cae bien.Pero su labor docente es digna de admiración, todos los días que tengo que trabajar en su clase, me enseña una nueva lección, una manera extraordinaria de saber llevar un grupo y de como transformar una clase conflictiva y asilvestrada en un ejemplo de trabajo ordenado y disciplina. Y todo sin ningún grito o voz mas alta que otra.
El contexto es el siguiente. Mr. Smith es un profesor afable, mayor, con la jubilación cercana, bueno, demasiado bueno para los salvajes que cada día, y en mayor frecuencia, campan y arrasan en las aulas. El grupo del que quiero hablar era muy conflictivo, las clases un caos de las que salías con los nervios destrozados y un reto constante a aquellos que, como yo, estaban intentando dejar de fumar. No son muchos alumnos, 14 de segundo de secundaria (13/14 años), pero del menor nivel. Ahora debería matizar que en el sistema escocés, hay una división de clases por aptitudes, en primero y segundo de secundaria solamente en las asignaturas de lengua y matemáticas y a partir de tercero, en el resto. Esta clase, la de peor nivel académico, era, por supuesto, la de peor comportamiento. No voy a dar detalles ni razones de este hecho, porque no vienen al caso.
Todo cambio en noviembre. El bueno de Mr. Smith sufrió un pequeño derrame cerebral. Es el segundo ataque que sufre y, aunque ha conseguido superarlo sin graves secuelas, le ha apartado de las aulas desde entonces. Me temo que, por su edad e historial clínico, de manera definitiva.Y llego la suplente. Ms Johnson. Pobrecilla pensé. La clase que todo profesor suplente teme tener. Pues no. después de tres meses, el cambio es espectacular. Trabajadores, ordenados, correctos en el trato.
¿Cuál es la receta mágica? Tranquilidad, consistencia, tranquilidad, refuerzo positivo, tranquilidad, motivación, tranquilidad y mucha paciencia.¿Y cómo? Con paciencia, sin gritos, nunca le he oído una voz alta. Siempre habla con un tono suave de voz y nada de “¡Silencio! ¡Callad!” y demás sutilezas que se escuchan a todas horas en un colegio. “El volumen de la clase empieza a ser demasiado alto y estáis perdiendo la concentración” “Estáis trabajando muy bien, seguid así” “Por favor, salga ahora mismo de la clase y no vuelva a molestar”. Durante la clase, cuando la gente está trabajando, les recuerda cada poco lo bien que lo están haciendo. Pero, que sea calmada y no de gritos, perdón, los profesores no gritan, “alzan la voz”, a lo que iba, que no alce la voz no significa que si tiene que expulsar a alguien de la clase y echarle la bronca en el pasillo, lo haga sin inmutarse. Si, esa es la definición, esta mujer no se inmuta, ni en una alarma de incendios. No quiere decir que no sonría, de vez en cuando lo hace, incluso creo que la he visto reír, pero nunca, aparentemente se enfadada o muestra alguna cara de desagrado.
¿Y que lección me da? Una muy importante y es que para llevar la disciplina de una clase, por muy difícil que sea, hay otros métodos aparte de los gritos o las malas caras. Tranquilidad, consistencia y trabajo a largo plazo. Un profesor tranquilo, tranquilo de verdad, tendrá una clase tranquila. No es posible domar una clase conflictiva de manera efectiva en dos horas, pero si en dos meses. Perspectiva y mucha calma.